jueves, 16 de abril de 2015

El Cuervo y el Ermitaño

 “Alabado sea Dios, hace 60 años que este cuervo 
me trae medio pan cada día, 
pero hoy Jesucristo, en tu honor, ha doblado la ración…”

Esto dijo Pablo de Tebas al ser descubierto por Antonio Abad tras 90 años de vida eremítica en el desierto, según la leyenda escrita en el año 400 DC por Jerónimo de Estridón.

No hay época en que el cuervo no haya aparecido complementando alguna historia o leyenda; Edgar Alan Poe crió  uno y tituló un cuento con su nombre. William Shakespeare le dio carácter de proveedor de alimento a niños abandonados y en muchos cuentos modernos y dibujos animados es representado como un ladronzuelo astuto y burlista.

Aunque la fama que muchos otros autores le han endosado es de augurador de tiempos tormentosos o de asistente de brujas y seres malignos, lo cierto es que esta preciosa ave es la primera que se menciona en la biblia; alimentó a Elías  y fue el primer animal que soltó Noé luego de concluir el diluvio.



El cuervo es un ave del desierto, aunque su área de de distribución es tan extensa que puede ser encontrado en muchas otras latitudes. Es un animal extremadamente ingenioso que se adapta a cualquier situación; puede anidar tanto en un árbol  como en un barranco y es capaz de aprender a imitar múltiples ruidos, sonidos, palabras y ejecuta acciones con mayor facilidad que cualquier otra ave.

Son expertos voladores, con una increíble capacidad para ejecutar piruetas en el aire, venirse en picada y luego posarse. Comen de todo: semillas, insectos, frutas, peces, huevecillos de otras aves, animales pequeños, carroña, basura y lo que salga. Se dice que pueden desarrollar estrategias en grupo para obtener alimentos, esperando con paciencia y distrayendo a cazadores u otros animales para robarles su presa. Se les ha visto jugar con animales de otras especies o, por pura diversión, molestar a personas.

No es de extrañar entonces que con estas habilidades haya sido compañero de Pablo El Ermitaño, en el desierto, y es perfectamente factible, como todas las cosas de Dios, que le suministrara alimento durante tanto tiempo; pudiendo haberse tratado siempre del mismo cuervo, ya que su promedio de vida ronda entre los 40 y 60 años. 

Quien cría cuervos, respetando su instinto y naturaleza, nunca perderá los ojos.

Ulises Dalmau

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